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¿Existe el libre albedrío?

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1998 issue of Physics World

En el último número de Scientific American aparece un artículo que, si bien habla de un dilema tan viejo como la filosofía, sigue teniendo tanta actualidad y transcendencia como la primera vez que fue formulado.

John Horgan, discute sobre el punto de vista, en su opinión, absurdo de otro autor, Sam Harris, sobre el libre albedrío.

John Horgan aboga por la tésis de que las personas hacemos lo que hacemos porque así lo dicta nuestra voluntad. Si bien no niega la influencia de los genes, ni de las circunstancias, pero, para él los procesos mentales que llevan a una persona a tomar un camino u otro son tan complicados, enrevesados e influenciables por tantos factores que, finalmente depende de nosotros lo que hagamos o no en un momento dado.

En su libro, “El fin de la guerra” dice que las personas, biológicamente hablando, tienen la misma probabilidad de ser pacíficas como violentas. La guerra no está predeterminada, y, además, debe ser considerada como un problema al cual se le debe encontrar solución por métodos científicos, como con el cáncer.  El libro termina con un capítulo titulado “En defensa del libre albedrío”

Sam Harris, por el contrario aboga en su libro “Free will” por la tésis de que el libre albedrío es una ilusión. La creencia en el libre albedrío está relacionada con casi todo lo que los seres humanos valoramos. Es difícil pensar en la ley, la política, la religión, las relaciones íntimas, la moral, así como sentimientos de remordimiento o logro personal, sin imaginar que cada persona es la verdadera fuente de sus pensamientos y acciones y, sin embargo, según él, todo lo que hacemos está condicionado por nuestra naturaleza y el ambiente, hasta tal punto, que, en realidad, nunca tenemos elección.

Es un poco como mi primer ordenador. Un Amstrad CPC 464, con pantalla de fósforo verde y 64k de RAM.

Me encantaba programar en BASIC con aquel trasto. Había una función que me dejaba con un extraño sabor de boca usar. Era RND, un comando que al ejecutar devolvía un número aleatorio entre 0 y 1. El caso es que usaba una función matemática, de la que nunca supe nada, sólo que usaba una “semilla” y a partir de ella daba ese número. Si no se decía nada respecto a la “semilla” tomaba el tiempo transcurrido desde que se enchufó el ordenador hasta ejecutar el comando. Si se introducía una semilla RND(25) siempre devolvía el mismo número entonces, ¿era aleatorio o no el número que devolvía RND a secas?

Ya escribí en otra entrada la historia de una mujer que, por un daño cerebral se encuentra atrapada en un bucle temporal y, una y otra vez repite la misma conversación con su hija, que dura un minuto escaso, a lo largo de horas y horas, palabra por palabra.

https://cibervortice.wordpress.com/2011/12/22/historias-sobre-el-tiempo-viajes-haciael-pasado-atrapada-en-un-bucle-temporal-etc/

Es cómo si no tuviera elección. En aquel contexto en el que se había parado su mente, la única opción era hacer las mismas preguntas y reaccionar exactamente igual a las contestaciones que se le daban.

La controversia está en un momento de apogeo entre la comunidad científica por la utilidad que puede tener, si se llega a una conclusión, en el código penal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya hace tiempo que se debate sobre si es ético meterse en el cerebro de las personas para decidir, ante un jurado, si son culpables o no. Técnicas como la resonancia magnética, PET, etc permitirían ver que áreas del cerebro se activan cuando se les hace una pregunta y al responder, de manera que se sabría, qué es lo que siente en cada momento y si está elaborando una respuesta o si lo que dice se corresponde con la verdad o es una historia prefabricada.

First Attempt to Admit MRI Lie Detector Evidence in Court

El problema para usar esa evidencia no es que no sea efectivo, sino que puede dar lugar, precisamente a que surjan dudas, sobre si la persona que ha cometido el crimen, realmente, era capaz de actuar de otra manera.

Un estudio de la actividad cerebral podría demostrar, no sólo que no se dice la verdad, sino que podría usarse para eliminar la responsabilidad penal de alguien quien, ante el recuerdo de la situación que generó el crimen, se sintiera sobrellevado por sus emociones, con tal violencia, que no pudiera reaccionar de otra manera, por ejemplo.

 

Fuente: Scientific American & mi cabeza

Will This Post Make Sam Harris Change His Mind About Free Will?

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Written by Cibervórtice

abril 11, 2012 a 4:23 pm

Publicado en Cerebro y mente

3 comentarios

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  1. Interesante artículo… De todos modos, creo que está más que demostrado que el libre albedrío no existe por más que nos ilusione tenerlo. Eso se puede demostrar por medio de la filosofía, matemáticas, física, biología, psicología o neurología. Además, la moral no necesita del libre albedrío, pues sigue siendo útil en el determinismo o el azar (indeterminismo). Así pués, la discusión se debería centrar en cómo debemos vivir sin libre albedrío, cómo podemos ser felices sin libertad. Todo eso es lo que analizo en mi libro: “Cómo vivir feliz sin libre albedrío” que se puede descargar gratuitamente en http://www.janbover.org
    Saludos

    janbover

    abril 11, 2012 at 6:44 pm

    • Intentaré leerlo aunque no prometo hacerlo pronto porque tengo que estudiar un montón de textos sobre patentes, licencias, etc. De todas formas me parece un poco raro que el título proponga intentar ser felices aceptando que no podemos hacer nada para evitar hacer lo que estamos programados para hacer. Si no tenemos libre albedrío, ¿de qué sirve ntentar cualquier cosa?, ¿no es más fácil, simplemente, dejar que las cosas pasen por si solas?

      Cibervórtice

      abril 11, 2012 at 8:53 pm

      • Hola Cibervórtice,

        Tus comentarios y preguntas son muy interesantes, pero creo que están basados en una confusión demasiado frecuente, incluso entre científicos y filósofos. La fuerza de voluntad es diferente al libre albedrío. El libre albedrío es imposible, pero eso no impide la fuerza de voluntad de las personas, que será condicionada, claro está.

        Las personas estamos programadas para buscar nuestra felicidad o bienestar, estamos programadas para esforzarnos para conseguir este objetivo y en general existen mecanismos que nos impiden “dejar que las cosas pasen por si solas”. Así pues, queramos o no queramos, estamos determinados a hacer todo lo posible para ser felices o tener bienestar. Además, del mismo modo que algunos robots tienen capacidad para aprender y tomar decisiones más eficientes, algunas personas también están determinadas a aprender cómo tomar decisiones que les acerquen más a la felicidad: a ellas están dedicados los 3 últimos capítulos de mi libro (libre descarga en http://www.janbover.org).

        Jan

        janbover

        abril 12, 2012 at 1:01 pm


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