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La bolsa o la vida. El dilema de la industria farmacéutica

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Para empezar voy a incluir la traducción de un texto publicado en la revista especializada Phrma. La autora Kate Connors, escribe en  ella sobre cómo su trabajo y el de los investigadores, y los que trabajan para crear medicamentos y comercializarlos se ve afectado por los dramas personales que todos ellos viven (vivimos, nos incluyo a mí y a los lectores) al verse afectados más o menos directamente por el cáncer, o nosotros o nuestros familiares, amigos…

El monstruo con el que nos enfrentamos.

Esta mañana, he perdido a una persona querida por el cáncer.

No es la primera persona que he perdido, ni tampoco será la última, me temo.

En Sanidad, hay una frase muy común: “una cura para el cáncer.” Pero cuando ves a alguien que amas pasar por ello, entiendes que no hay tal cosa. Hay miles de tipos de cáncer y cada uno de ellos ataca al cuerpo de manera diferente. Debido a esto, no puede haber una única cura para todos..

Y te das cuenta de qué otra cosa que el cáncer hace. Para él, e trataba de insuficiencia renal, neumonía, infecciones, angina de pecho. Y así una cosa tras otra.

Parecía como si uno tras otro siempre hubiera un nuevo problema que tratar. Y, cada vez, sus cirujanos, oncólogos, enfermeras y terapeutas ocupacionales trabajaban juntos para conseguirle el tratamiento que necesitaba. Las cirugías, los procedimientos y los medicamentos para la rehabilitación, todo era como conquistar un pueblo.
Y ese pueblo le dio 14 meses más con su nieta.

Muy a menudo se refieren al sistema de salud como una serie de grupos aparentemente dispares, como la industria, instituciones académicas, proveedores, pacientes y cuidadores.

Pero la cosa es que ninguno de nosotros es sólo una de estas cosas. Nosotros, en Pharma – y en nuestras empresas – somos también los pacientes, y también somos los cuidadores, y somos los seres queridos.

Sabemos, igual que todos, con que clase de monstruo nos enfrentamos. Lo conocemos personalmente, no sólo por nuestro trabajo en un laboratorio. Es un monstruo brutal, que causa dolor y tristeza, y deja pérdidas a su paso.

Pero vamos a llegar allí. Vamos a abatirlo. Sólo tomará un pueblo.

 

Luego está esta otra representación gráfica.

En ella están descritos los pasos que tiene que seguir una medicina desde que el investigador, en su laboratorio (casi siempre universitario) descubre un compuesto químico o proteína  interesante o tiene una idea original que piensa que puede tener un efecto curativo, pasando por todas las pruebas que lo demuestran con animales primero, y con personas en los estudios clínicos, hasta que recibe la aprobación del FDA o de la EMEA (tanto monta, monta tanto) para ser comercializado.

Como se puede ver, en el momento en el que ese científico tiene una idea que podría llegar a ser una medicina sus posibilidades de llegar a serlo son más o menos de una contra 5 000. El proceso dura entre ocho y doce años de pruebas y, un mínimo de cuatro mil millones de dólares invertidos y tener por delante otras tantas inversiones en marketing, seguimientos clínicos, etc. con posibilidades de éxito comercial que alcanzan un máximo del 80% en el momento en que reciben la aprobación legal.

Los riesgos y las alucinantes cantidades que hay que invertir hacen que muchos de esos 4 999 compuestos e ideas originales no lleguen a convertirse en medicinas porque quienes las desarrollan pierden la fe en ellas o entran en bancarrota antes de llegar a fases clínicas o les falta dinero y no encuentran interesados para seguir desarrollándolas.

Oigo muchas veces hablar de lo horrible que es la industria farmacéutica de múltiples crímenes que ha cometido contra la humanidad y sobre cómo antepone las ganancias económicas sobre la misma salud. La gente parece olvida que ese científico que descubre un compuesto medicinal no trabaja sólo sino con un equipo que comparte su ilusión de crear algo que salve vidas o, al menos que las mejore. Pero el dinero es despiadado y una empresa que no cuenta con financiación pública tiene que velar por sus supervivencia.

Las pequeñas empresas generalmente se encargan de las primeras etapas de la investigación, dónde las ayudas estatales juegan un gran papel, y esas ayudas se conceden a los medicamentos que pueden tener mayor impacto en la salud pública. Pero la parte realmente costosa es la que viene después.

Y después los directivos, científicos, inversores y todos los que pueden hacer que esa medicina para el cáncer llegue al mercado tienen que poner en una balanza su deseo personal de hacer todo lo humanamente posible por acabar con una enfermedad que afecta a sus seres queridos, cuando no a ellos mismos y la supervivencia de una empresa que si no esta vez, quizás la próxima saque al mercado esa medicina maravillosa.

 

Fuentes:

Phrma: The Monster We’re Up Against

Forbes: The Truly Staggering Cost Of Inventing New Drugs

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Written by Cibervórtice

marzo 29, 2012 a 8:32 pm

Publicado en Uncategorized

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