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Un inocente experimento con niños que resulto no ser nada inocente

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Si hay una controversia científica que, de verdad despierta pasiones es la de qué es más decisivo en el carácter y el comportamiento de una persona, si la educación que recibimos o nuestro bagaje genético.

En los años 60 se hizo un pequeño experimento con niños que no tenía más pretensiones que la de comprobar a qué edad comienzan a controlar sus impulsos, el experimento se realizó con algo tan inofensivo como un malvavisco en un plato.

Lo increible del experimento, donde la cosa perdió toda su inocencia, fue el seguimiento que el investigador hizo de los niños. Durante años pudo ver como evolucionaba la vida de esos niños y como, el comportamiento que mostraron  a los cuatro años tenía una relación incuestionable con el tipo de vida, la clase de problemas que tendrían  en el instituto y sus posibilidades de terminar una carrera, de tener un buen trabajo, etc.

Una cosa queda clara para mí, si hay una cosa que vale la pena enseñar a un niño antes de los 4 años es a controlar sus impulsos, a postponer la consecución de lo que da placer para conseguir algo mejor después, porque de eso dependerá, mucho más de lo que desearíamos, su futuro.


La descripción del experimento la podéis encontrar en este blog.

RECURSOS DE AUTOAYUDA

A finales de los años sesenta, Carolyn Weisz, una niña de cuatro años de edad fue invitada a una sala de juegos, en el campus de la Universidad de Stanford. La habitación sólo tenía una mesa y una silla. Carolyn se sentó en la silla y le pusieron delante tres bandejas: una con una galleta, otra con un bombón y otra con un malvavisco. Carolyn eligió la bandeja del malvavisco.

Un investigador le hizo una oferta a Carolyn: ella no podía comerse el malvavisco mientras él estuviera ausente. Si cuando regresara seguía el malvavisco en la bandeja, él le daría otro de premio y se podría comer los dos. Si ella hacía sonar una campanilla que estaba sobre la mesa él regresaría corriendo y así ella se podría comer el malvavisco pero perdería el segundo. Luego, salió de la habitación.

Ver el post

 

Finalmente, si a alguien le interesa saber más sobre el tema, puede leer el artículo que el Profesor Walter Mischel y  colaboradores, escribieron 40 años después de su famoso experimento.

Behavioral and neural correlates of delay of gratification 40 years later

 

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Written by Cibervórtice

enero 18, 2012 a 7:14 pm

Publicado en Cerebro y mente

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