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Historias sobre el tiempo. Viajes haciael pasado, atrapada en un bucle temporal, etc

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La mejor y más divertida explicación sobre la teoría de la relatividad la  vi una película de terror .  El cocinero negro de una expedición científica, el único que quedó vivo al final de la película, le contaba a un compañero que la demostración de la relatividad está en que cuando tienes entre tus manos una hermosa muchacha una hora se pasa como un minuto y sin embargo un minuto sosteniendo el mango caliente de una sartén pasa como una hora.

Cuando tenía diecisiete años un chaval muy pijo que conocí en una manifestación me invitó a ir de fiesta después. No era yo muy consistente en mis actitudes políticas y me fui sin pensarlo dos veces. Tras dar vueltas por varios pubs y conocer a unas chicas, nos fuimos con ellas a Distrito 10. La discoteca más pija de Valencia. No tenía sentido que fuera allí, yo odiaba a los pijos, pero iba ya algo contento y, bueno, la edad, las chicas, ¿cómo iba a negarme?.

Al entrar se pagaba la entrada y le daban a uno una tarjeta llena de agujeritos donde se hacían más agujeros por cada consumición. Total que, como no había que pagar al consumir eso es lo que hice, consumir. Cuando ya estaba totalmente borracho y, después de entregar en ofrenda la cena y los cubatas en uno de aquellos altares de porcelana que tenían en los servicios, busqué a mi amigo para decirle que me iba ya. El no se hubiera ido pero no vivía en Valencia y mi familia tenía cerca de allí un piso vacío que íbamos a ocupar cuando comenzara la Universidad.

 

 

Total que me acompaña a la salida y yo le paso la tarjeta para que mire lo que me toca pagar porque yo no era capaz de enfocar la vista y no veía los agujeros. Él me mira con expresión angustiosa y me dice.

–          Tío, ¿tienes idea de lo que tienes que pagar?

–          No, claro, no puedo leerlo, por eso te lo he pasado.

–          Cuatro mil pesetas.

–          JO… DER

Llevaba mi tarjeta Visa pero en la cuenta no había más de tres mil. Estaba a punto de meterme en un lio del que por fuerza no podía salir bien parado.

Mi cabeza comenzó a trabajar a toda velocidad, miles de combinaciones de explicaciones y excusas se cruzaron por mi mente mientras sentía algo increíble. En la embriaguez estaba como en una nube, al darme cuenta de mi situación sentí como si bajara a toda velocidad hasta tocar el suelo, y al aterrizar estaba completamente sereno. Era como si todo el alcohol se hubiera evaporado en el descenso.

Y no era eso lo más increíble, lo que durante años no he podido olvidar es la sensación de calma absoluta y el estado de conciencia de atención absoluta, y cuando digo absoluta me refiero a que percibía todos y cada uno de los detalles de todo lo que sucedía a mi alrededor. Juraría que el mundo había aminorado su velocidad y yo lo estaba observando todo desde la perspectiva del que tiene el mando del video y decide pasar la escena a cámara lenta para que no se le pase nada por alto.

Aún hoy sería capaz de describir la escena con muchísimos de sus detalles, recuerdo absolutamente todo lo que vi durante aquellos larguísimos segundos en el vestíbulo de salida de Distrito 10.

Estaba en lo alto de unas escaleras cubiertas de una alfombra roja. Al fondo estaba la puerta y detrás la calle. A la izquierda de la puerta una señora regordeta, cincuentona, vestida como una abuela cobraba los billetes, a la derecha de la puerta un guarda de seguridad controlaba que nadie saliera sin pagar.

Estuve esperando un tiempo que no sería capaz de precisar y, cuando el guarda atrapaba a un chico que intentaba escapar miré a la que cobraba y la vi muy atareada dando el cambio a una pareja así que, sin prisas, con paso sosegado, me dirigí hacia la salida, pasé entre el guarda y la cobradora y no paré hasta encontrarme en la calle.

Al girar para ver a mi amigo este estaba todavía allí arriba. Me miraba boquiabierto, pasmado e incrédulo.

Muchas personas que se hayan encontrado en situaciones extremas como un accidente de tráfico, un atraco o una clase de historia de la antigua escuela, sabrá que la percepción del tiempo puede variar de formas increíbles, pero estamos hablando de situaciones transitorias (al menos para los que hemos sobrevivido, quizás haya personas que mueran durante clases aburridas). Pero ¿qué hay de personas cuya vida sucede, siempre, a una velocidad diferente?.

Una serie de programas de la emisora Radiolab hablaba de casos extremos que quisiera comentar.

 

Slow / Despacio

Cuando Andy Mills se encontró, por primera vez con Kohn Ashmore,  en la habitación de la residencia estudiantil que iban a compartir durante todo el curso, pensó que algo muy extraño ocurría con aquel chico.  Kohn hablaba muy, muy despacio y se movia lentamente para hacer cualquier cosa pero, no sufría de ningún tipo de discapacidad mental evidente, aparte de su velocidad.

Kohn había sufrido un accidente de pequeño que realentizó todo su mundo interior y, aunque funcionaba perfectamente a su velocidad, no era la misma que el resto del mundo.

El famoso neurólogo y escritor Oliver Sacks, en este programa nos habla de un paciente que tenía episodios de parálisis de horas entre los cuales no se diferenciaba de cualquier persona sana. Un día se dio cuenta de que si le observaba con intervalos de tiempo de diez o quince minutos podía ver que cambiaba de postura. Un día decidió hacerle una foto cada cinco miuntos durante uno de aquellos ataques y ¿qué vio al pasarlas rápidamente?. El paciente levantaba la mano hasta su nariz, se rascaba y la volvía a bajar, en dos horas.

 

Bucles / Loops

Hay un tipo de juegos de ordenador en los que se está en una habitación y para salir de ella es necesario encontrar diferentes objetos escondidos como pólvora, una cerilla y una caja cerrada con una llave que abre la puerta, por ejemplo.

En este episodio  Kristen Schaal una actriz muy popular en las series de la cadena HBO habla de cómo su madre, una fan de los juegos de ordenador, escapa de la habitación http://www.oyunlar1.com/roomescapegames.asp, se ve atrapada en si misma como en uno de esos juegos.

La historia comienza el día que, tras encontrarse mal tras el día de su cumpleaños, un 24 de agosto del 2010 y comenzar a decir cosas absurdas su hija como que la fecha del calendario está equivocada decide llevarla al médico y este le diagnostica amnesia global transitoria.

Como es transitorio el médico le pide paciencia y esta decide sentarse con su madre y hablar con ella. La conversación es la siguiente:

–           ¿Qué día es hoy?

–          Martes, 24 de agosto

–          Estoy intentando recordar la útlima fecha que recuerdo

–          Ya

–          ¿Ya ha pasado el día de mi cumpleaños?

–          Si

–          No comprendo cómo no recuerdo eso.

–          Verás. Viniste a mi casa y estuvimos viendo un video que rodé en Texas. Estaban mis hermanos, hicimos una fiesta. Lo grabamos todo en video, pero no lo vas a recordar, porque sufres amnesia global transitoria.

–          ¿Qué?

–          Estabas en casa arreglando el jardín y me llamaste confusa. Llamé a la ambulancia para que te recogieran, te trajeron aquí y te hicieron unos exámenes.

–          Wooow, ¡Qué extraño!…… ¿Qué día es hoy?

–          Martes, 24 de agosto

–          Estoy intentando recordar la útlima fecha que recuerdo.

–          Ya

–          ¿Ya ha pasado el día de mi cumpleaños?

–          Si

La conversación duró y duró. Se repitió una y otra vez aquel ciclo de 90 segundos que se terminaba con la misma expresión de asombro.

Y así durante tres horas y media.

La chica demostró tener muchísima paciencia. Después el bucle se comenzó a alargar y no terminaba en el asombro sino un poco después, y la siguiente repetición una o dos frases más. Y así, en tres días estaba completamente recuperada.

 

La parada de autobús

En una clínica alemana,  dónde trataban y cuidaban a enfermos de Alzheimer estaban cansados de buscar a los viejos que se les escapaban, aunque de vez en cuando,  porque les suponía una terrible preocupación. Muchas veces los ancianos cogían el autobús y intentaban volver a las casas dónde se habían criado, o a los sitios dónde habían vivido con sus familias. Sus deteriorados cerebros les llevaban atrás en el tiempo a los periodos de sus vidas en los que habían sido más felices y allí querían volver. La parada de autobús era la primera de un viaje en el tiempo que nunca acababa de ocurrir, por eso los empleados tenían que buscarlos y los encontraban desorientados o ateridos de frío porque habían salido con ropa de verano y era invierno.

Para solucionar el problema pidieron al ayuntamiento que les contruyera una parada de autobús delante de la clínica, y, desde entonces, cuando un anciano se escaba, es allí dónde van a buscarlo y, casi siempre los encuentran allí, sentados, esperando el auntobús que les lleve al pasado, un auntobús que nunca llega.

 

Doraemon por todas partes

Para los que tengáis hijos o los que disfruteis de ver dibujos animados como chiquillos/as, os dejo un capítulo de la serie Doraemon que supera, con creces, el argumento de cualquier película sobre viajes en el tiempo. Para verlo haced clic en el dibujo.

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Written by Cibervórtice

diciembre 22, 2011 a 11:24 pm

Publicado en Cerebro y mente

Una respuesta

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  1. Glove and Boots, The time machine

    Cibervórtice

    junio 7, 2012 at 4:51 am


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