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¿Es el porno malo, muy malo o quizás incluso bueno?

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Es cada vez más evidente que la pornografía ha entrado a formar parte de nuestras vidas privadas, que influye en la educación sexual de los más jóvenes, hasta el punto de que muchos padres “modernos” toman muy tarde la decisión de comenzar a hablar de esos temas que, habitualmente, dejan para  cuando sus hijos/as entran en la adolescencia y parece que ya es hora.

En la red las restricciones de edad son totalmente inaplicables. Según un estudio realizado en los EEUU un adolescente de cada cinco ha visto fotos de si mismo desnudo/a en internet.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se ha dicho mucho que el acceso a una educación sexual tan brutalmente explícita ha de tener consecuencias catastróficas sobre la vida de las nuevas generaciones, pero no es eso lo que dicen los estudios sobre la población.

Está claro que los que consumen de una manera compulsiva porno ven sus vidas afectadas. Pero eso es como todos los excesos, como de consumo de alcohol, de compras o de trabajo.

Pero ¿qué pasa con los consumidores casuales?

Los estudios demuestran que las personas que consumen pornografía no violenta, de forma moderada no son ni más violentos, ni más sexistas, no ven sus relaciones dañadas por ello.

De hecho no existe ningún estudio que demuestre que la pornografía tiene efecto negativo alguno, como dice  Milton Diamond, director del  Pacific Center for Sex and Society de la Universidad de Hawaii, “Es una cuestión de principios, no de hechos”

Según un studio realizado en 2007 por Alan McKee, de la Universidad de Queensland, Australia, el perfil de la persona que trata a las mujeres con más desprecio no tiene relación alguna con la cantidad de pornografía consumida, es, en general un hombre maduro, que vota por un partido de derechas, vive en una zona rural y tiene un nivel de educación medio o bajo.

La popularización de la pornografía, no sólo no va acompañada de una aumento de patologías sexuales, sino que la cantidad de asaltos sexuales ha bajado a niveles anteriores a los de los años 60 del pasado siglo lo cual, si se tiene en cuanta, que por aquella época era mucho más difícil que ahora para las mujeres admitir o denunciar que habían sido violadas, es una reducción dramática.

The Sunny Side of Smut, por Melinda Wenner Moyer, para Scientific American

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Written by Cibervórtice

diciembre 1, 2011 a 11:01 pm

Publicado en Miscelanea, Tecnología

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